Tanzania en una encrucijada: Cómo Mama Samia perdió la fe del pueblo
“Poder sin principios: El derrumbe de la democracia en Tanzania: Cuando el poder cedió, la nación se quebró.”
Cuando Mwalimu Julius Nyerere lideró Tanzania, lo hizo con una humildad excepcional que unió a la nación. Fue un líder que caminaba entre su pueblo sin temor, no por las fuerzas de seguridad ni los convoyes blindados, sino porque era genuinamente amado. El liderazgo de Nyerere se basó en la sencillez, la integridad y una fe inquebrantable en la dignidad del tanzano común.
Fundó Chama Cha Mapinduzi (CCM) para servir al ciudadano común, al mwananchi. “Si el CCM alguna vez deja de servir al pueblo”, dijo Nyerere en una ocasión, “lo abandonaré y me uniré a otro partido”. Estas palabras reflejaban una brújula moral que definió los primeros años de la nación.
Nyerere renunció voluntariamente, cediendo el poder a Ali Hassan Mwinyi, un acto de altruismo poco común en el continente. Su gesto se convirtió en una lección viviente de liderazgo como servicio, no como privilegio.
En 1995, Tanzania adoptó por primera vez la democracia multipartidista. Benjamin Mkapa, candidato del CCM, ganó esas elecciones, y el partido se ha mantenido en el poder desde la independencia. Cada cinco años, los tanzanos han acudido a las urnas: 2000, 2005, 2010, 2015, 2020 y ahora, en 2025, la nación se encuentra nuevamente en el umbral de otras elecciones. Sin embargo, hoy el ambiente es diferente.
Por primera vez en décadas, el espíritu de tolerancia y paz de Tanzania se resquebraja. Estallan protestas. La gente está enfadada. Y cabe preguntarse: ¿por qué ahora?
Por primera vez desde la independencia, los tanzanos han perdido la paciencia. Las protestas se extienden y el otrora pacífico panorama político se tambalea. La pregunta es: ¿por qué ahora?
La respuesta radica en la ruptura de la confianza. El pueblo ha perdido la fe en las mismas instituciones estatales que debían protegerlo.
Bajo la presidencia de Samia Suluhu Hassan, conocida cariñosamente como “Mama Samia”, la promesa democrática de Tanzania se ha desvanecido. Líderes de la oposición han sido acosados, encarcelados y silenciados bajo cargos que muchos observadores describen como políticamente motivados.
Entre los casos más escandalosos se encuentra el encarcelamiento de figuras de la oposición bajo acusaciones vagas como “reunión ilegal” o “incitación a la violencia”. No se trataba de agitadores violentos; eran ciudadanos que exigían rendición de cuentas. Líderes de CHADEMA y ACT-Wazalendo fueron encarcelados simplemente por ejercer sus libertades constitucionales. Cuando los ciudadanos ven a sus líderes criminalizados por disentir, el mensaje es claro: el Estado ya no tolera la disidencia.
El ataque a la democracia se extendió más allá de las fronteras de Tanzania. En un episodio diplomático alarmante, varios delegados de la comunidad jurídica de África Oriental, incluyendo abogados de Kenia, fueron detenidos y deportados cuando llegaron para observar o dialogar con la sociedad civil local. Tales acciones humillan no solo a los individuos involucrados, sino también a la Comunidad de África Oriental en su conjunto. Transmiten el mensaje de que Tanzania se ha replegado sobre sí misma, temerosa del escrutinio público y alérgica a la transparencia.
Incluso la voz de la Iglesia, durante mucho tiempo guía moral de la sociedad tanzana, ha sido ignorada. La Conferencia Episcopal Católica emitió una carta pastoral advirtiendo al gobierno que no silenciara la disidencia ni ignorara el clamor de los pobres. Instaron a los líderes a respetar los derechos constitucionales, a dialogar y a recordar que el poder es servicio. Sin embargo, su mensaje cayó en saco roto. Sacerdotes y líderes religiosos que se pronunciaron fueron intimidados, algunos incluso agredidos físicamente. Cuando un gobierno dirige su hostilidad hacia la iglesia, revela hasta qué punto se ha alejado de sus principios morales.
Pero quizás la traición más profunda provenga del poder judicial. Los tribunales, que deberían ser la última línea de defensa de la democracia, se han convertido en instrumentos de conveniencia. En lugar de proteger la Constitución, se han utilizado para legitimar la persecución de opositores políticos.
Una democracia sana depende de un poder judicial independiente, capaz de mantenerse firme incluso cuando el poder flaquea. Tanzania podría aprender de Kenia, al norte de la ciudad. En 2017, el presidente del Tribunal Supremo, David Maraga, hizo historia al anular las elecciones presidenciales, alegando irregularidades y prácticas inconstitucionales. Fue una decisión valiente y basada en principios que reafirmó la supremacía de la ley sobre la conveniencia política. Maraga demostró que un solo tribunal, guiado por la conciencia, puede restaurar la fe de una nación en la justicia. Este acto inspiró confianza no solo en Kenia, sino en toda la región.
Los tribunales de Tanzania, por el contrario, han optado por el silencio y la sumisión en lugar de la valentía. Cuando los ciudadanos dejan de creer que los tribunales los protegerán, salen a las calles. Esto no es anarquía; es desesperación.
“La traición del poder judicial es la herida más profunda de Tanzania, pues cuando los tribunales se doblegan ante el poder, el pueblo no tiene más refugio que las calles.”
Por Elvis Ng’andwe
Publicado por Elvis Ng’andwe | 7 de noviembre de 2025 | África

