MAGISTERIO: ESCUCHANDO EL CLAMOR DE LA REALIDAD

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) define muy claramente su punto de partida: “El principio de humanidad, inscrito en la conciencia de cada persona

y pueblo, comporta la obligación de tener apartada la población civil de los efectos de

la guerra… Una particular categoría de víctimas de la guerra es la de los refugiados,

obligados por los combates a huir de los lugares donde viven habitualmente, hasta

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El papa Francisco en su mensaje de la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado (17-01-2016) nos invita a escuchar el clamor de este drama diario. “La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuando vemos como espectadores a los muertos”encontrar refugio en países distintos de aquellos en los que han nacido. La Iglesia les está cercana, no sólo con su presencia pastoral y con el socorro material, sino también con el compromiso de defender su dignidad humana: «La solicitud por los refugiados debe empujar a reafirmar y a subrayar los derechos humanos, universalmente reconocidos, y a pedir que sean efectivamente realizados». (CDSI 505, cita a S. Juan Pablo II, Mensaje para la cuaresma, 1990, 3)

El olvido práctico de la fraternidad nos destroza, los refugiados, cada uno de ellos, son “uno de los nuestros”. El mapa de Europa no se dibuja como dos bandos: “los nuestros” y los que no lo son. Todo ser humano es “uno de los nuestros”, sobre todo quien se encuentra en situación de debilidad y mayor necesidad. El papa Francisco nos recuerda que “acoger al otro es acoger a Dios en persona”. No hacerlo es rechazar a Dios en persona.

“Los intentos de eliminar grupos nacionales enteros, étnicos, religiosos, lingüísticos son delitos contra Dios y contra la misma humanidad y los responsables de tales crímenes deben ser llamados a responder ante la justicia”. (S. Juan Pablo II en Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1999, 7; en CDSI 506)

“La Comunidad Internacional en su conjunto tiene la obligación moral de intervenir a favor de aquellos grupos cuya misma supervivencia está amenazada o de los cuales son masivamente violados los derechos fundamentales. Los Estados, en cuanto parte de una Comunidad Internacional, no pueden permanecer indiferentes: al contrario si todos los demás medios a disposición se revelaran ineficaces, es «legítimo, e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor». (S. Juan Pablo II en Mensaje para la Jornada Mundial para la Paz 2000, 11)

“El principio de soberanía nacional no puede ser invocado como razón para impedir la intervención en defensa de las víctimas. (Discurso al Cuero Diplomático el 16-01-1993) Las medidas adoptadas deben ser llevadas a cabo en pleno respeto del derecho internacional y del principio fundamental de la igualdad entre los Estados” (CDSI 506)

 

La Conferencia Episcopal Española también se ha pronunciado.

“Los obispos españoles de la Comisión Episcopal de Migraciones, ante el acuerdo alcanzado ayer en Bruselas entre la Unión Europea y Turquía para devolver a este último país a todos los refugiados que últimamente han llegado a Europa desde las costas del Egeo, manifiesta su inmenso dolor ante esta y todas las ultimas tragedias humanitarias que afectan a emigrantes y refugiados. Detrás de estos flujos migratorios está siempre la inhumanidad de un sistema económico injusto en que prevalece el lucro sobre la dignidad de la persona y el bien común; o la violencia y la ruina que genera la guerra, la persecución o el hambre”. (CEM-CEE Nota de 08.03.2016)

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