La tierra sigue protestando….por razones obvias!

Publicado por Chika Onyejiuwa | Sep 28, 2017 | África |

Cuando estábamos celebrando el “Período de la Creación” (del 2 de septiembre al 4 de octubre), ocurrieron desastres ecológicos en diferentes partes del mundo: deslizamientos de tierra en Camboya, Estados Unidos (California y Nueva York) y Sierra Leona, inundaciones en India, Bangladesh y Nepal, los huracanes más recientes que han asolado las costas de los Estados Unidos y las islas del Caribe. Todo ello llama, una vez más, a la humanidad a escuchar los gemidos de protesta de la tierra y el grito de los pobres. Las opciones son escasas: la comunidad global debe revisar su relación con el ecosistema o estar preparada para hundirse con los resultados de las consecuencias lógicas de esa negativa.

Las diferentes formas de interacción con el entorno biofísico, la búsqueda económica humana desenfrenada e insaciable, impulsada por los modelos económicos capitalistas de crecimiento y consumo continuos, han alterado el equilibrio del ecosistema. La Revolución Industrial ha desencadenado muchas reacciones inactivas y hasta ahora inexpertas. El resultado es una avalancha de temblores, huracanes, terremotos e inundaciones de magnitudes que exigen una respuesta colectiva y un replanteamiento de cómo hemos estado relacionándonos con el ecosistema. La Creación exige urgentemente un nuevo tipo de relación con la tierra que mantenga nuestro ecosistema de modo más sostenible.

Un ecosistema es una red compleja de relaciones y es sostenible, cuando hay sinergia dentro del sistema o de fluctuaciones, de modo aceptable: cuando la diversidad de especies y los niveles de población de los organismos permanecen relativamente constantes, cuando la diversidad del hábitat y las conexiones son suficientes para permitir que los organismos lleven a cabo sus ciclos de vida y que los materiales tóxicos no se acumulen en el suelo, el aire o el agua.

Sin embargo, los estudios han demostrado que las actividades humanas, que hacen de la Tierra un depósito de materias primas, han provocado cambios importantes en los diferentes componentes del ecosistema, más allá de los límites aceptables y ahora amenazan la supervivencia de todo el ecosistema.

Entre muchos otros, se observa el creciente y desproporcionado agotamiento de los recursos naturales, un aumento en el consumo de combustibles fósiles y el óxido de carbono IV en la atmósfera. Lo que ha producido una amplia gama de desequilibrio en la composición geoquímica del ecosistema y altera el clima global. En la misma línea, el uso de fertilizantes artificiales y plaguicidas en la agricultura industrial es en gran parte responsable de la alteración del N, P, C, S y K [1] del ecosistema y ha contribuido inmensamente a la bioacumulación de estos elementos en los tejidos animales.

Ahora no tenemos mejor opción que acudir a los Evangelios y ser conscientes de algunas de las mentiras del modelo económico actual y de una tecnología equivocada. La tecnología no es sólo una rama de la ciencia que ilumina la ignorancia humana sobre la creación. Es más bien una rama de la ciencia que demuestra la capacidad humana de desarrollar y utilizar el conocimiento y los principios de las ciencias empíricas para forzar sus voluntades sobre la Creación, para satisfacer unos deseos humanos sin fondo. La tecnología siempre ha sido parte de la historia humana. Sin embargo, la diferencia en la civilización del siglo XX reside en el hecho de que la brecha entre las ciencias empíricas (saber) y la tecnología (fabricación) se ha reducido y existe una postura peligrosa que promete satisfacer todos los sueños humanos. En consecuencia, tanto el modelo económico de crecimiento continuo como el consumo y la tecnología se ahogan e impiden reflexionar sobre la protección del ecosistema. En cambio, se utilizan para reforzar actitudes y valores que consideran a la Creación como un recurso ilimitado. La verdadera tragedia es que, a pesar de los virajes ecológicos visibles, los simpatizantes del Presidente Trump siguen viviendo en la negación de las consecuencias negativas de nuestros actuales modelos económicos que saquean los recursos de la tierra y los límites de la tecnología.

AEFJN invita a la comunidad global a un compromiso radical de nuevas relaciones con el entorno biofísico y los sistemas socioeconómicos que sean sostenibles. Más que cualquier prescripción ética, lo que será más útil para resolver nuestra actual crisis ecológica, será implicar invariablemente la responsabilidad personal, porque cualquier solución sugerida afectará directamente a los valores personales, al carácter, al estilo de vida y a las acciones de los individuos e instituciones. Las medidas deben reconocer el valor intrínseco de cada criatura e incluir los valores de sencillez, frugalidad y moderación. Estos valores sirven como amortiguadores contra la mentalidad humana de querer y necesitar continuamente algo más, dando por supuesto que la tecnología los satisfará. Estos valores nos enseñan a vivir con gratitud y sabemos que todo lo que brilla no es oro.


Chika Onyejiuwa

Echo n.40 de AEFJN Bruselas

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