Espiritualidad eco-feminista: hacia una transformación personal y social

El fracaso de la Conferencia anual de las Naciones Unidas (COP25) en Madrid – diciembre de 2019, que debía  presentar un compromiso serio respecto a los desafíos del cambio climático no presagia nada bueno. La situación continúa proyectando una larga sombra sobre nuestra forma de pensar, sobre nosotros mismos, los demás, nuestro hogar en el Universo y nuestro mundo. Interroga muy seriamente el modo de pensar que subyace en nuestras instituciones económicas, políticas y sociales, así como los llamados valores democráticos y éticos. De hecho, la civilización humana ha inventado el poder del átomo, que es capaz de borrar a toda una nación en una fracción de segundo, pero es incapaz de encontrar una solución para la supervivencia de la especie humana en el planeta. Si queremos que la especie humana sobreviva necesitamos una forma de pensar radicalmente diferente y un nuevo procedimiento para reparar la conciencia humana que subyace en nuestros sistemas socioeconómicos y relaciones sociales. Necesitamos una espiritualidad y mentalidad diferentes más allá de cualquier pertenencia religiosa para desmantelar la mentalidad patriarcal que ha puesto a la especie humana en la trayectoria de autodestrucción y colapso. La espiritualidad eco-feminista parece proporcionar una verdadera senda y una mentalidad diferente para el desarrollo sostenible, en contraste con el patriarcado que ha sustentado el crecimiento a lo largo de los milenios.

En efecto, durante milenios se han realizado esfuerzos para comprender el funcionamiento del universo, pero con la mentalidad patriarcal de dominación, presentando el universo con modelos mecánicos. De modo que actualmente se ofrece como aceptable para todos que la Ecología considere a la naturaleza como una interrelación de organismos y sus entornos, buscando continuamente una visión del conjunto:  interdependencia orgánica de cada cosa con todo lo demás. Pero lo que ha sido un gran desafío sigue siendo la aceptación de un camino concreto para mantener lo que es  obvio. La resistencia no es una sorpresa porque desafía nuestra suposición inconsciente pero fundamental que subyace en nuestros sistemas sociales y económicos. Sin embargo, es el valor central que la espiritualidad eco-feminista promueve en nuestra civilización, a pesar de que su voz siempre es disminuida por el patriarcado que es más fuerte y sistemáticamente arraigado.

El eco-feminismo es una forma orgánica de ver el desarrollo y proporciona un camino transformador, tanto a nivel individual como social. A nivel individual, es un proceso de conversión, trascendencia y renovación. Es un cambio en la conciencia que conduce a un cambio en el comportamiento, mientras que a nivel social establece la siguiente etapa para nuestra evolución intelectual y socioeconómica global. Desafía el conjunto patriarcal socialmente construido de creencias, valores, actitudes y suposiciones fundamentales como la dominación, la competencia, la exclusión, la mecánica, la jerarquía y la explotación. El eco-feminismo defiende los principios básicos e inclusivos de una comunidad ecológica, como la interdependencia, la integración, la solidaridad, la diversidad, la resiliencia, la adaptabilidad y los límites como alternativas.

Entre otras cosas, el eco-feminismo busca la plena inclusión de las mujeres en las esferas política y económica, la transformación de los sistemas socioeconómicos patriarcales para que el mundo se beneficie de su océano de potencialidades. También busca el análisis de la cultura y la conciencia que subyacen a la dominación de las mujeres y la monopolización masculina de los recursos y el poder. Subraya que el abuso de la tierra y el abuso de las mujeres están históricamente vinculados en un marco conceptual patriarcal, y estos buscan transformarse junto con otros órdenes sociales que promueven la opresión humana y el abuso ambiental. Además, observa que el vínculo entre la explotación de la tierra y la marginación de las mujeres está intrínsecamente relacionado con el olvido del Espíritu Creador que impregna al mundo en la colorida danza de la vida.

La espiritualidad eco-feminista es un compromiso con el proceso de cambio del patriarcado y la difusión de la transformación que conlleva. Se hace eco de los pensamientos de Thomas Merton de que aquellos que intentan actuar y hacer cosas por los demás o por el mundo sin profundizar su propia comprensión, libertad y capacidad de amar, no tendrán nada que dar a los demás. No comunicarán a los demás nada más que el contagio de sus propias obsesiones, su agresividad, su ambición centrada en el ego, sus delirios sobre los fines y los medios, sus prejuicios e ideas doctrinales [1].

En el preámbulo de la Carta de la Tierra, leemos que toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia el misterio del ser, la gratitud por el don de la vida y la humildad respecto al lugar humano en la naturaleza [2]. La demanda fundamental de la Carta de la Tierra requiere un cambio en la espiritualidad y los valores éticos de las personas. Sin un cambio tan transformador, los principios básicos de la Carta de la Tierra para un nuevo cambio de paradigma del desarrollo, un desarrollo liderado por las personas, un desarrollo que sea favorable a los pobres, a la naturaleza, a la mujer, para la interdependencia global y una mayor responsabilidad compartida del bienestar de la familia humana y el mundo vivo seguirá siendo un espejismo.

Chika Onyejiuwa, CSSp

AEFJN

Traducido para la Antena de Madrid

[1] Thomas Merton, https://www.goodreads.com/quotes/8358369-he-who-attempts-to-act-and-do-things-for-others

[2] Carta de la Tierra

Judith Plant ed, Sanando las heridas: la promesa del feminismo. New Society Publisher, 1989.

Mary Mellor, Feminismo y Ecología. New York University Press, 1997

 

 

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