Financiación climática
Introducción
Los efectos del cambio climático continúan extendiéndose globalmente a niveles sin precedentes, siendo África la que soporta la mayor carga, a pesar de ser el menor emisor de gases de efecto invernadero, un factor clave del calentamiento global. Según el Índice ND-Gain, África subsahariana, en particular África oriental, presenta una alta vulnerabilidad al cambio climático, dado que sus economías se basan en gran medida en actividades dependientes del clima, como la agricultura, la ganadería, la pesca y el turismo. La prevalencia de factores socioeconómicos agravantes, como la pobreza y las privaciones, el desempleo, los conflictos sociales y la debilidad de los marcos institucionales, agrava aún más la situación, generando a menudo barreras estructurales para la adaptación y la mitigación. Esto plantea la necesidad crítica de soluciones de financiación climática equitativas e inclusivas para acelerar las intervenciones de adaptación y mitigación del cambio climático diseñadas para proteger y fortalecer los medios de vida y sostener el desarrollo económico. Este artículo se basa en las perspectivas de la 2.ª Conferencia sobre Financiación Climática de África (FCA), celebrada en Uganda. Ofrece una breve descripción contextual de la financiación climática; describe los desafíos e implicaciones de la misma, y concluye con recomendaciones para los responsables políticos y otras partes interesadas.
¿Qué es la financiación climática?
La financiación climática se refiere a la financiación y otros recursos utilizados para mitigar el impacto del cambio climático mediante el apoyo a las comunidades locales para que puedan afrontar y adaptarse a los cambios inducidos por el clima, fomentando así la resiliencia individual y colectiva. También puede adoptar la forma de inversión directa en proyectos que mitiguen el cambio climático, como la reducción de la deforestación, la reforestación, las tecnologías de energía limpia, la investigación y el ámbito académico. Las fuentes de financiación climática incluyen los gobiernos nacionales, la comunidad internacional, el sector privado y las iniciativas comunitarias. La financiación climática se originó como una estrategia de adaptación y mitigación del cambio climático desde la Cumbre COP15 de París de 2009, donde los países desarrollados se comprometieron a movilizar 100 000 millones de dólares anuales para apoyar a los países más vulnerables. Sin embargo, este compromiso no se ha cumplido plenamente, debido a la progresiva disminución de los flujos de caja externos en los últimos años, lo que inevitablemente ha creado déficits de financiación en toda África. Es importante destacar que la financiación climática es la intersección de tres pilares fundamentales: derecho, políticas y economía. Es fundamental destacar la importancia de contar con marcos jurídicos sólidos para orientar las intervenciones de adaptación climática y de estrategias eficaces para la implementación de políticas.
Brechas y desafíos
Los principales inconvenientes que afectan la adaptación y mitigación del cambio climático en África Oriental se deben a las lagunas financieras y legales. Las intervenciones climáticas dependen en gran medida de la financiación externa, con sus complejos procesos y procedimientos asociados, y de los recortes presupuestarios en los países donantes. Por ejemplo, el 85% del presupuesto climático estimado de Uganda, de 28 millones de dólares hasta 2030 (17,7 y 10,3 millones de dólares asignados a adaptación y mitigación, respectivamente), depende de los donantes. La disminución del apoyo de los donantes plantea la urgente necesidad de mejorar la movilización nacional de financiación climática en África Oriental. La evidencia revela que las intervenciones climáticas impulsadas desde la base en África Oriental son potencialmente más eficaces, a pesar de inconvenientes como la deficiente coordinación, el liderazgo deficiente y la falta de desarrollo de capacidades. Esto ofrece una visión optimista del potencial de las iniciativas locales. Sin embargo, las intervenciones de adaptación en la región están distribuidas de forma desigual, y los países frágiles, como Sudán del Sur, Burundi y Somalia, tienen menos recursos que sus homólogos relativamente estables. Se ha avanzado progresivamente en el establecimiento de marcos legales en toda la región, incluyendo Uganda, Kenia, Tanzania y Sudán del Sur, a pesar de las diferencias en los niveles de logro según el contexto. Sin embargo, aún existen lagunas políticas en el ámbito de la financiación climática. Por ejemplo, el marco de políticas que rige los mercados de carbono en la región sigue siendo débil y subdesarrollado, a pesar de representar una oportunidad de financiación con gran potencial, como se señaló en la conferencia del ACF. Otros desafíos incluyen: a) la lenta adopción de soluciones de energía limpia, atribuida a problemas de comportamiento del consumidor, asequibilidad y distribución; b) el insuficiente desarrollo de capacidades en todo el ecosistema de financiación climática, especialmente entre los pequeños agricultores; y c) la sutil doble moral. Las instituciones financieras, actores clave en la financiación verde, apoyan indirectamente a las industrias del plástico ante la evidencia del impacto negativo de la contaminación por plásticos en el medio ambiente, ya que agrava los efectos del cambio climático, por ejemplo, al causar inundaciones.
Implicaciones y recomendaciones
Las brechas de financiación climática presentadas anteriormente tienen implicaciones para las intervenciones de adaptación y mitigación. En primer lugar, es urgente que los gobiernos agilicen la formulación de políticas sobre financiación climática mediante enfoques participativos y basados en la evidencia para garantizar la inclusión de todas las partes interesadas, en particular las voces de las comunidades. Pero, aún más, la voluntad política y el compromiso son los requisitos previos más cruciales para el progreso en la financiación climática. En segundo lugar, es necesario movilizar recursos a nivel nacional mediante el apoyo a iniciativas de adaptación lideradas localmente (LLA) a nivel de base, con énfasis en los conocimientos y prácticas indígenas para impulsar su avance; y la colaboración con actores del sector privado, como los proveedores de servicios financieros, para establecer modelos de financiación asequibles, accesibles e inclusivos que apoyen las iniciativas de energía limpia. Además, las fuentes nobles de financiación sin explotar, como los mercados de carbono, pueden dar a África Oriental un impulso en la financiación climática. Conscientes de sus complejidades y dinámicas globales, se necesitan marcos de políticas eficaces, capacitación y habilidades adecuadas para desarrollar capacidades y un sólido poder de negociación que les permita equipararse a los países desarrollados, así como una sólida promoción para popularizar los mercados de carbono en toda la región. En tercer lugar, es necesario aprovechar el potencial que presenta la población juvenil altamente innovadora de África Oriental, ya que son expertos en tecnología y se adaptan rápidamente a las nuevas tecnologías climáticamente inteligentes, como la aplicación de la IA en el sector agrícola, la forestación, la planificación urbana y de asentamientos, el desarrollo de infraestructuras y el turismo, entre otros. En vista de las implicaciones analizadas, sugerimos las siguientes recomendaciones para acelerar la financiación climática en África Oriental:
Gobierno: Acelerar la eliminación de las brechas legales y políticas para establecer marcos institucionales sólidos y eficaces que protejan y orienten estratégicamente a todas las partes interesadas. Además, apoyar las intervenciones de financiación verde mediante estructuras como exenciones fiscales o exenciones a los inversores locales en espacios verdes.
Sector privado: Proporcionar modelos de financiación accesibles y asequibles para apoyar las innovaciones locales, especialmente entre las comunidades rurales, y los jóvenes innovadores y con gran capacidad de adaptación a la tecnología. Aprovechar a socios estratégicos, como las compañías de seguros, para encontrar formas progresivas de mitigar los riesgos de invertir en intervenciones como la agricultura y la pesca inteligentes.
Instituciones académicas y de investigación: Democratizar el conocimiento basado en la evidencia y las acciones prácticas que puedan aplicarse a nivel doméstico. Garantizar que la información difundida sea fácilmente disponible y accesible para todas las partes interesadas. Realizar investigaciones interdisciplinarias creíbles para identificar posibles brechas en la financiación climática, por ejemplo, mediante el seguimiento de los mecanismos de financiación climática a lo largo de las cadenas de valor de los productos, como se mencionó en la conferencia del ACF. Además, el mundo académico y las instituciones de investigación deben invertir en intervenciones de investigación sobre el conocimiento indígena y los enfoques contextuales para la preparación, respuesta, acción y resiliencia ante el cambio climático.
Sociedad civil y actores no estatales: Promover opciones de adaptación y financiación entre la población, especialmente en las zonas vulnerables al clima. Cerrar las brechas sociales mediante la promoción de cambios de mentalidad y comportamiento para impulsar la conciencia ambiental y la eco-responsabilidad mediante prácticas sencillas pero efectivas en el hogar, como la eliminación de residuos de forma selectiva; la reducción del consumo; el uso de bolsas de plástico reutilizables y biodegradables para las compras, en lugar de bolsas de plástico de un solo uso; y el uso de canales digitales para la difusión de información, en lugar de papel impreso, etc. Análisis Matriz sobre financiación, acción y resiliencia climática
Conclusión
La financiación climática presenta optimismo y perspectivas de éxito en África Oriental, a pesar de las zonas grises resaltadas. Cerrar las brechas de financiación climática requerirá esfuerzos redoblados de todas las partes interesadas para garantizar una respuesta adecuada y avanzar en la dirección correcta. El llamado a reorientar y movilizar las fuentes nacionales de financiación y apoyar las intervenciones de adaptación lideradas por la comunidad es fundamental en un contexto de disminución de la financiación externa. La investigación y el mundo académico siguen siendo fundamentales para proporcionar soluciones prácticas y basadas en la evidencia para cerrar la brecha de financiación climática. Sin embargo, es necesario adoptar un enfoque multidisciplinario para garantizar que se aborden por igual otras dimensiones del cambio climático —social, cultural y política—. Esto exige la inclusión de otras partes interesadas, incluidos los líderes religiosos y culturales, especialmente en la movilización de recursos e impulso del cambio de comportamiento. El cambio climático no es solo un problema ambiental, sino también social, moral y cultural, y plantea la cuestión de la justicia. Esto plantea el aspecto crucial de la justicia climática, que esencialmente aboga por la equidad y la justicia en la distribución de recursos para atender a las comunidades más vulnerables, afectadas y marginadas.
Climate finance: Challenges, Implications & Recommendations for East Africa Augustine Bahemuka Policy Advisor, Climate & Environmental Justice, AEFJN Rodgers Mwansa Policy Advisor, Peace & Human Security, AEFJN |

